En el corazón del valle de Calamuchita, a unos 85 kilómetros de la ciudad de Córdoba, se encuentra un emprendimiento que ha transformado la vida de Claudia Morano y Rubén Villarruel. Hace siete años, esta pareja decidió instalarse en Villa General Belgrano, un pintoresco pueblo de estilo centroeuropeo, para dedicarse al cultivo de lavandas. Lo que comenzó como una aventura audaz, hoy se ha convertido en un atractivo turístico que atrae a visitantes de todas partes.

El proyecto de Claudia y Rubén, llamado Die Lavendel, nació en 2019 con la plantación de 600 plantas de lavanda, a pesar de no tener experiencia previa en el cultivo de esta planta. Con el tiempo, el número de plantas se ha multiplicado a más de dos mil, abarcando tres variedades híbridas. Estas lavandas no solo embellecen el paisaje, sino que también son la base para la producción de aceites esenciales utilizados en cosmética y gastronomía.

La historia de esta pareja es un ejemplo de reinvención. Originarios de San Francisco, Rubén, kinesiólogo, y Claudia, ama de casa, vivieron muchos años en la Patagonia antes de regresar a Córdoba. Fue en Villa General Belgrano donde encontraron la inspiración para iniciar su emprendimiento familiar. Gracias al programa Cambio Rural del INTA, se capacitaron y el 7 de marzo de 2019 dieron inicio a su proyecto, que se ha convertido en pionero en la región.

El campo de lavandas no solo es un lugar de producción, sino también un espacio de encuentro y aprendizaje. Rubén y Claudia han abierto las puertas de su emprendimiento al público, ofreciendo experiencias sensoriales y educativas. Los visitantes pueden disfrutar de recorridos guiados por las plantaciones, donde se explica el proceso de destilación y se comparten los secretos de esta planta milenaria conocida por sus efectos terapéuticos.

La familia entera participa activamente en el emprendimiento. Sus hijos, Gala y Mateo, se encargan de la atención al público y de la organización de eventos como la Fiesta de la Cosecha y el Festival Lavandas, que cada año atrae a más personas. La novia de Mateo, Camilia, coordina el bufet durante estos eventos, asegurando que los visitantes tengan una experiencia completa.

El entorno natural de Villa General Belgrano, con sus condiciones climáticas y geográficas, es ideal para el cultivo de lavandas. Las plantas prosperan a más de 700 metros sobre el nivel del mar y requieren al menos tres meses de invierno riguroso. Claudia explica que, aunque el campo parece extenso, la producción es aún joven y requiere planificación para asegurar el stock de productos durante todo el año.

El recorrido por Die Lavendel permite a los visitantes sumergirse en el mundo de las lavandas, apreciando sus colores, texturas y aromas. Rubén y Claudia explican las diferencias entre las variedades ornamentales y las de producción, destacando sus usos en aromaterapia, cosmética y gastronomía. Al final del recorrido, los visitantes pueden degustar productos elaborados con lavanda, como alfajores, chocolates y mermeladas.

Este emprendimiento no solo ha revitalizado la economía local al atraer turistas, sino que también ha creado un espacio de conexión con la naturaleza. Claudia y Rubén han logrado transmitir su pasión por las lavandas, convirtiendo su campo en un lugar donde la belleza y el aroma de estas plantas invitan a la relajación y al disfrute de la vida en las sierras cordobesas.