La Ruta 38 atraviesa uno de los corredores más extensos y estratégicos del interior cordobés. Une ciudades turísticas, zonas rurales, accesos serranos y conecta Córdoba con provincias del norte argentino. Esa combinación de conectividad, circulación permanente y tránsito intenso convierte al corredor de Punilla en un punto sensible para distintos tipos de delitos complejos.
Durante los últimos años, las principales investigaciones judiciales y operativos de seguridad desarrollados en localidades como Capilla del Monte, Villa Giardino, La Falda, La Cumbre y Santa María de Punilla se concentraron en el narcotráfico. La Ruta 38 aparece reiteradamente mencionada como vía de paso para el transporte de marihuana y cocaína desde el norte del país hacia Córdoba y otros destinos.
A esa situación se suma otra preocupación creciente: la posibilidad de que la intensa circulación turística, los alquileres temporarios, los hoteles, las fiestas y la gran movilidad de personas puedan facilitar maniobras de explotación sexual y trata de personas. Aunque no existen causas públicas de gran magnitud específicamente centradas en la Ruta 38, especialistas en seguridad sostienen que los corredores turísticos suelen ser utilizados para mover personas, ocultar identidades y disimular actividades ilegales entre el movimiento cotidiano.
En paralelo, en los últimos meses surgieron investigaciones periodísticas sobre presuntas actividades de espionaje ruso en Argentina. Algunas versiones mencionaron que ciertos agentes habrían transitado por distintas provincias, incluida Córdoba, utilizando identidades falsas y aprovechando zonas de baja visibilidad institucional para desplazarse sin levantar sospechas.
Sin embargo, hasta el momento no existen pruebas públicas que vinculen directamente a los supuestos espías rusos con redes de narcotráfico, trata de personas o tráfico de armas en Punilla. Las causas conocidas se mantienen separadas y responden a investigaciones distintas.
Lo que sí advierten expertos en crimen organizado es que las grandes rutas, la conectividad regional y las zonas con fuerte circulación de turistas suelen ser aprovechadas por distintas organizaciones criminales para mover dinero, personas, drogas o identidades falsas sin generar alertas inmediatas.
En ese contexto, la Ruta 38 aparece cada vez más como un corredor estratégico que obliga a reforzar controles, inteligencia criminal y cooperación entre fuerzas de seguridad, especialmente ante el crecimiento del turismo, la futura autovía de Punilla y la expansión de actividades ilegales cada vez más sofisticadas.





